Durante la época prehispánica en México la privación de la libertad no revistió
el mismo fin que conocemos en la actualidad, esto es, no llegó a ser
considerada como pena, solo como medida de custodia preventiva en tanto se
ejecutaba el castigo impuesto como la pena de muerte entre otros, la cárcel
ocupaba un sitio secundario para acciones delictivas poco importantes, y es
mínima su trascendencia, como pena, frente a las demás penas cruelísimas
que aplican con enorme rigor.
Es en las Leyes de Indias, en donde por primera
vez en México se menciona la privación de la
libertad como pena, éstas se componen de IX libros
divididos en títulos integrados por un buen golpe de
leyes cada uno. El título VIII, con 28 leyes se
denomina De los delitos y penas de aplicación.
Así, el régimen penitenciario encuentra
su primera base importante al declararse
en la normatividad establecida para esa
época que: el lugar a donde los presos
deberán ser conducidos será la cárcel
pública, no autorizándose a particulares
a tener puestos de prisión, detención o
arresto que pudieran construir sus
cárceles privadas, estas leyes contenían
algunos principios básicos que subsisten
hasta hoy en nuestra legislación:
separación de internos por sexos,
necesaria existencia de un libro de registros, prohibición de juegos de azar en
el interior de las cárceles y el que las cárceles no deberían de ser privadas,
conjuntamente con un sinnúmero de disposiciones jurídicas que regularon la
vida durante los tres siglos que perduró la época colonial en nuestro país.
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